Pedagogía de lo Cotidiano

Origen de la palabra

La palabra pedagogía debe ser una de las principales para todos los profesionales de la educación; a su vez, es un término altamente interesante que nos ayudará a tener muy claro lo que hacemos.

En principio de cuentas, pedagogía, aunque termina en “gía”, no lo hace en “logía” que hace referencia a logos, es decir, a ciencia; por lo tanto, pedagogía no es en sí “el estudio de la manera en que aprenden los niños”, como erróneamente muchos llegamos a creer.

El origen de la palabra alude al servil acto de los esclavos en Grecia de llevar físicamente de la mano a los hijos varones de las clases altas a la escuela. Con el tiempo, la reflexión filosófica de la construcción de la palabra, paidón=hijo y ágogos=conducir, ha llevado a muchos pensadores de la ciencia educativa a darle distintas interpretaciones, cada una con implicaciones diferentes; desde el elevado “arte de educar a los niños”, o el trascendente “cuidar y cultivar a todos los niños como si fueran el hijo propio, para conducirlos adecuadamente a su destino”, hasta el pragmático “proceso educativo que guíe y apoye la construcción de conocimientos, habilidades y actitudes”.

Como se puede ver, la pedagogía se entiende desde lo general y se opera hasta lo particular; transita desde la comprensión trascendente del fenómeno educativo para la persona y la sociedad, hasta la decisión inmediata de qué actividades hacer para lograr ese cambio positivo en los educandos.

En este tenor, la pedagogía es una línea muy delgada que se transgrede con facilidad, pues, no pocos especialistas -y comentadores-, trabajan con ella como si de didáctica se tratara, reduciéndola a simples metodologías o listado de actividades que pueden explicarse desde el entusiasmo de su creador, la moda existente en el contexto que la rodea, la presunción de sentirse importante por implementar algo que existe en otras regiones más avanzadas o aprovecharse del permanente fracaso educativo que nos agobia.

En contrasentido, otras líneas de pensamiento han intentado elevar tanto la idea pedagógica, acercándola más a la sabiduría filosófica a y restando posibilidades de aplicación práctica para el objetivo concreto de la propia ciencia, vamos, disminuyendo incluso, las probabilidades de un entendimiento claro de la propuesta en sí.

 

Siguiendo con lo anterior, en una breve revisión que se hiciera a la literatura educativa, se podría observar el devenir de la pedagogía a “técnicas (¿pseudo?) pedagógicas”. Es decir, las grandes corrientes históricas surgidas de la observación, la experimentación y la reflexión, como lo fueron la pedagogía aristotélica, naturalista, escolástica, renacentista (o neo-humanista), racionalista, ilustrada, romántica y positivista, entre otras, que merecieron siglos de estudio e implementación, y cuyos máximos exponentes han sido considerados dentro de los principales pensadores en la historia humana, han dado paso en el último siglo a propuestas cortas, pragmáticas, ideológicas y hasta rápidamente desechables por los encargados de incorporarlas a su práctica educativa.

 

Las pedagogías

Para ejemplificar lo anterior, Zambrano Leal (2011, pág. 99) dice que la pedagogía “explica los aprendizajes, interpreta la relación con el saber y hace visible la formación del sujeto, cuyo lado práctico es objetivado por los aprendizajes”, en donde esto, tiene que ver con la adquisición de los ideales educativos y valores reinantes en una sociedad y una época dada; para lograrlo, dice, la pedagogía “es influenciada por una ciencia y construye métodos y teorías del aprendizaje”.

Con este interés, han surgido una infinidad de “pedagogías” que pretenden convencer de la infalibilidad de su enfoque y de su método, acercándolo completamente al conocimiento o relacionándolo con las otras dimensiones humanas; las hay desde las más congruentes, o argumentadas, populares, lógicas, pasionales y hasta las más disruptivas, que de una u otra forma, aspiran a posicionarse como la nueva revelación que garantice la educación de las personas.

De este modo, han aparecido la “Pedagogía del Ocio” (Cuenca Cabeza, 2004), la “Pedagogía del Silencio” (Didier, 2006), la “Pedagogía de la Comunicación” (Kaplún, 1998); la “Pedagogía del Humor”, en cuyo resumen, Narváez (2006) describe que:

La educación de hoy demanda de cada formador una búsqueda constante de nuevas estrategias que posibilitan el mejorar los aprendizajes, especialmente en los primeros años, razón por la cual la inclusión de la Pedagogía del Humor, como técnica motivadora, relacionada directamente con la forma de aprender de los niños, es prioritaria.

 

Conceptualmente, también se han publicado ideas bajo los términos de pedagogía activa, admonitoria, artística, axiológica, científica, comparada, crítica, cultural, descriptiva, diferencial, experimental, fenomenológica; pedagogía general, lúdica, histórica, idealista, integradora, normativa, operadora, personalista, política, psicoanalítica, psicológica, socialista y socialfilosófica (Saavedra, 2008).

En el diccionario Akal, Shaub y Zenke (2001) recogen otras «pedagogías»: de extranjeros, de la discapacidad, de la profesión, de los medios, del museo, emancipatoria, humanística, económica, etc.

Para no terminar de sorprenderse aún, hay “Pedagogía del Diálogo” (Buber, 1878-1966)“Pedagogía del Despertar” y “Pedagogía Nueva” (Zambrano Leal, 2011), “Pedagogía Institucional” (Lobrot, citado por Barba Martín, 2002), “Pedagogía de la Ética” (Vila, 2004), “Pedagogía del Oprimido” (Freire, 1970) y “de la Tolerancia (Freire, 2006), “Pedagogía del Amor” según Barba Martín (2002), “Pedagogía Poética” (Zapata, 2013), “Aprendizaje-Servicio” (Batlle, 2013), “Pedagogía de ayuda entre pares” (De la Cerda, 2013), “Pedagogía Profana” (Larrosa, 2017), y muchas, muchas más.

 

Sin embargo, más que hacer una crítica destructiva (y destructora), y a priori, es preciso reconocer cada propuesta como el interés que muchas personas han tenido para que la educación mejore; similar, pudiera verse, como aquellas voces que eventualmente surgen pidiendo que tal o cual necesidad de la sociedad se convierta en una materia de clase regular para que la cursen los educandos, como la educación financiera, el medio ambiente, el ajedrez, el teatro, servicio doméstico, filosofía, emprendimiento, etc., ¡imposible tener una materia para cada aspecto formativo deseado!; para esto debe utilizarse el enfoque transversal… pero eso es algo que abordaremos en otra entrada.

No obstante, como docentes, directivos o autoridades educativas, debemos evitar contagiarnos de la celeridad con que implícitamente se presentan estos modelos. Es decir, en el sistema educativo tenemos prisa, mucha prisa por mejorarlo, porque los estudiantes se conviertan en mejores personas y adquieran los aprendizajes esperados, pero no a costa de correr, de atropellarnos y caernos.

Sobre todo, cuando esos aprendizajes esperados son muchos. En una somera exploración de la legislación mexicana, encontramos que: la Constitución Política establece 14 fundamentos educativos que deben de ser desarrollados por las niñas, niños, adolescentes y jóvenes; la Ley General de Educación determina para lograr aquello: 5 aspectos Desarrollo Humano Integral, 4 características a fomentar en los educandos, 10 fines de la educación a cumplir, 10 criterios educativos, XI consideraciones de la Orientación Integral, 25 contenidos de los Planes y Programas de Estudio; y para no acabar, el modelo educativo se compone de 10 rasgos del perfil de egreso y 4 campos formativos con sus correspondientes contenidos y procesos de desarrollo del aprendizaje.

 

Es decir, si quisiéramos desarrollar por separado esos aspectos en los estudiantes, pues no habría tiempo, energía o inspiración que alcanzara.

 

Prisa pedagógica

Afortunadamente la sensatez ha hecho su aparición en el modelo de la Nueva Escuela Mexicana, que le da la misma importancia a la formación de la persona como a la adquisición de competencias académicas de lenguajes, ciencias, naturaleza y sociedades. De manera tácita, el objetivo del sistema educativo actual de México es la formación integral de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, y su objetivo es promover el aprendizaje de excelencia, inclusivo, pluricultural, colaborativo y equitativo a lo largo del trayecto.

Lo que sigue, es que toda la estructura educativa se convenza de ello; que dejemos de presionarnos y presionar para obtener evidencias de aprendizaje inmediatas. El principal error en toda la cadena jerárquica de un sistema educativo es exigir resultados inmediatos en los sujetos de aprendizaje, la máxima equivocación de las personas que tienen algo de autoridad es pretender que, por enunciar una idea, proponer un proyecto, asignar materiales, exigirlo al subalterno, o simplemente desearlo, el aprendizaje académico y la formación integral ocurrirá de un día para otro.

En el mismo sentido viene la presentación de evidencias que se reclama un día sí y otro también de unos a otros,  desde la tarea que las y los alumnos deben de entregar a su docente, quienes la maximizan como si fuera prueba irrefutable de lo aprendido; hasta el la planeación didáctica, portafolio de evidencias, bitácora de observación, registro anecdótico, valoración del desempeño, seguimiento de resultados, listado de calificaciones y tantas otras ocurrencias que se le requieren al docente en distintos períodos de tiempo.

De allí, la persona titular de dirección debe entregar a la supervisión sus respectivos expedientes e informes de todos los aspectos de la escuela, incluyendo (porque a veces pasa a segundo término) lo relacionado con el aprovechamiento, recuperación de aprendizajes, prevención de reprobación, eliminación de barreras de aprendizaje, disminución de ausentismo y la mejora de otros indicadores educativos requeridos por la autoridad escolar para su propia presentación de éxito ante la sociedad… aunque el logro académico sea muy precario en la realidad, y lo veamos por todos lados.         

El yerro que cometen los gobernantes y que permea a toda la estructura, es creer que su éxito político va aparejado con la presentación de reportes numéricos, olvidando que existen otros indicadores sociales que dan mejor cuenta de la calidad del sistema educativo, por lo que se empeñan en obtener evidencia tangible inmediata de algo que debe tardar meses y años para desarrollarse. Por ello, por esa prisa en exigir datos que validen sus decisiones políticas, el personal educativo va de un lado a otro con sus estrategias didácticas, no persevera en técnicas probadas de aprendizaje, no permite a sus estudiantes que sigan disfrutando con alguna acción en la que estén activos, interesados y emocionados; las y los docentes tienen que cambiar lo bueno que hacen o aquello en lo que están convencidos, porque ya llegó un nuevo programa de la autoridad que deben de implementar para “acelerar los resultados”, trabajar sobre los aprendizajes “imprescindibles”, “hacer un mayor seguimiento”, mejorar los indicadores educativos, entre muchos “argumentos”, que lo único que denotan es desconocimiento del proceso formativo en la niñez y la juventud.

 

En pocas palabras y, utilizando un refrán popular, se podría decir de la educación que lo bueno se cuece a fuego lento.

 

Pedagogía de lo Cotidiano

Por el contrario, el principal acierto de los países que sobresalen por brindar un Estado de Bienestar, tener altos Índices de Desarrollo Humano, acercarse a la plena igualdad, respetar los derechos humanos, alentar el goce de los derechos civiles y marcar pauta en la innovación y desarrollo, es porque han establecido un sistema educativo basado en la persona, que reconoce, acepta, respeta y promueve el modelo natural de aprendizaje de las personas, es decir, espera pacientemente que el tiempo y el contexto adecuado hagan su trabajo.

Obviamente, en conjunto, sociedad y gobierno, buscan cada día mejorar ese contexto en donde se desenvuelvan las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, para “sin prisas pero sin pausas”, logren la formación que el estado y la sociedad esperan de ellos.

 

La generalidad de esos sistemas educativos humanistas es que establecen un modelo en el que evitan a toda costa exigir evidencias inmediatas de aprendizaje, priorizando la existencia de un medioambiente propicio en todos sus elementos, al igual que el desarrollo individual y comunitario de capacidades intelectuales y emocionales para que cada estudiante quiera y pueda aprender lo que debe, más lo que desea, en el momento adecuado para utilizarlo, de una manera libre, responsable y feliz.

Como una especie de listado de condicionantes graduales a seguir en el sistema educativo para lograr aprendizajes significativos y la adecuada formación personal, se podrían mencionar los siguientes:

  • Estabilidad personal y seguridad (tanto en casa como en la escuela)
  • Convivencia y felicidad
  • Juego y desarrollo de habilidades para aprender
  • Aprendizaje y desafío
  • Metacognición de lo aprendido y sistemas de apoyo compensatorio
  • Evidencia real de aprendizaje
  • Movilidad e interacción social
  • Orientación vocacional
  • Impacto positivo en la comunidad
  • Elección de vida y carrera

 

 Ahora, quizá lo anterior no lo veamos pronto como modelo educativo en México y Latinoamérica por la prisa pedagógica que existe, por el absurdo político y gubernamental de pretender mejorar la educación solo por decreto, con órdenes tajantes a los subordinados, con eventos lucidores, con luchas ideológicas entre adversarios, con la mirada puesta en el pasado y el dinero en artilugios del futuro, con docentes que enseñan como fueron enseñados y que se quejan de sus alumnos del ahora.

Pero si no lo vamos a ver pronto como sistema, si podemos verlo en los salones de clase, en escuelas completas. La verdadera disrupción educativa no es introducir rimbombantes programas, proyectos y equipamiento, sino cuidar, conocer, y estimular el deseo de aprender de nuestros estudiantes, respetando sus tiempos, intereses y personalidades.

 

Aquí es donde surge la que se podría llamar, para no estar fuera de onda, la “Pedagogía de lo Cotidiano”, que pugna por reconocer la importancia de la vida diaria, el proceso natural de los días, el fuerte impacto de la rutina en el aprendizaje y la formación de la persona.

Visto de manera puntual, cada día las y los alumnos conversan, comparten, juegan, ríen, urden, negocian, se entristecen, se preocupan, sueñan, imaginan, especulan, hacen, construyen, venden, convencen, experimentan, sufren, logran, triunfan, se disfrazan, se caen, se pegan, se levantan, se pelean, mienten, se arrepienten, se sinceran, se aburren, descansan, se motivan, saltan, se emocionan, quieren saber, comen, etcétera, etcétera.

Todo esto y más, no lo pueden dejar de hacer, porque es parte de su vida diaria. Entonces, si dentro de estas acciones, hábitos y emociones incluimos todos aquellos aspectos de conocimientos, habilidades y actitudes que el sistema educativo nos pide desarrollar, lo lograremos de mejor manera; si aprovechamos lo que ya hacen, lo que les gusta, les interesa, les apasiona, les preocupa, en fin, ¡lo que los mueve!, para moldear poco a poco sus capacidades intelectuales, emocionales, motrices y trascendentales, tarde o temprano estaremos visualizando chicas y chicos con el perfil de egreso que establece la legislación y que demanda la sociedad.

 

La pequeña gran diferencia es que en este enfoque educativo no debe de haber prisa ni imposición egoísta, que es aquella en la que se pretende tener logros de otros para beneficio propio; en todo caso, debe existir exigencia fraterna, que es la que reconoce, impulsa y desafía los talentos de las personas.

La pedagogía de lo cotidiano busca la felicidad escolar de los educandos, porque en el aprendizaje hay mucha felicidad, pero no si se pretende lograr con coerción y castigo.

La invitación es a diseñar actividades didácticas auténticas que, por medio de la contextualización, el juego, la alegría, el desafío y la utilidad, prioricen la vivencia de una experiencia significativa en la vida del alumnado, más que esperar que después de cada ejercicio del libro, tarea o proyecto, ya se haya adquirido un aprendizaje para poder evidenciarlo.

 

La finalidad de la educación no es “ver” todos los temas del programa.

El éxito de un ciclo escolar no es producir libretas llenas de apuntes o libros enteramente contestados.

La evidencia de aprendizaje no son exámenes bien respondidos, o una calificación alta como fruto de la entrega de trabajos, exposiciones, proyectos y hasta “participación” o “uniforme completo”.

 

La finalidad, el éxito y el aprendizaje, se observan en el actuar de las alumnas y los alumnos: en su forma ser, de pensar, de hablar, de escribir, de comportarse, de interesarse, de involucrarse, de servir, de ir formando parte de la sociedad; de resolver, de hacer, de imaginar y participar cada vez más en la construcción de un entorno mejor, para bienestar, felicidad y evolución de la raza humana.

 

 

Conclusión

Una maestra muy querida por el magisterio guanajuatense, que durante muchos años dirigió un Centro de Desarrollo Educativo (CEDE) en la ciudad más grande del estado, contaba orgullosamente en una ocasión, que estaba muy feliz por la vida que habían alcanzado sus dos hijos; ambos profesionistas, viviendo en distintas ciudades de Estados Unidos, continuando sus estudios, con trabajo bien remunerado y uno de ellos viviendo ya en pareja con una agradable chica.

Nos platicaba que los fue a visitar en vacaciones y que se sorprendió de ver el impecable lugar en donde vivían y la admirada manera en que los demás se conducían con ellos; casi al punto de las lágrimas, nos confesó el sufrimiento que en muchas ocasiones le hicieron pasar de niños y de adolescentes porque no le hacían caso y a veces actuaban en abierta rebeldía, y ahora, de adultos, todo lo que siempre les quiso inculcar finalmente lo adoptaron.

 —Son lo que siempre quise que fueran —terminaba su relato con emoción —, ahora me doy cuenta que todo el tiempo estuvieron aprendiendo, solo que lo hicieron de una manera muy diferente a como yo les quise enseñar —, concluyó.

 

Para educar con alegría y felicidad, las prisas y simulación, debemos evitar.

 

Dr. Jorge Lozano

León, México, 2024

Gracias por su lectura y por sus comentarios.

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Pedagogía de lo Cotidiano

La palabra pedagogía debe ser una de las principales para todos los profesionales de la educación; a su vez, es un término altamente interesante que nos ayudará a tener muy claro lo que hacemos.

11 comentarios en “Pedagogía de lo Cotidiano”

  1. Vivir sin prisa, atender al Bienestar de los alumnos debe ser nuestra prioridad, un niño que va feliz a la escuela y que encuentra ahí su lugar seguro aprenderá más que cualquier otro. Muy interesante, gracias por compartir.

  2. Interesante lectura, mi estimado Jorge, estamos en un tiempo, donde a todo se le pone nombre, todo se analiza, se cataloga, se estudia, se clasifica, nuestros hijos tienen a la mano mucha información, aprenden diariamente, pero los valores, los principios y las conductas solo pueden aprenderlas de sus padres. Por ellos la importancia de seguinos alimentando de saber y amor todos los días. Un abrazo.

  3. Gracias por compartir sus ideas, muy apegadas a la realidad. Desde un principio supe que usted era la diferencia ideológica y que tenía más que dar dejando el escritorio. Lo felicito 🫂

  4. Muchas felicidades Jorge, excelente reflexión como siempre respecto a la labor docente!
    Gracias por compartir para que llegue a muchas personas tu gran labor de comunicar y hacer conciencia!🌻
    Reina

  5. Muy cierto, me encanta doctor » busca la felicidad escolar de los educandos, porque en el aprendizaje hay mucha felicidad», de la cual un buen docente se contagia, prepara y sabe respetar los ritmos/procesos.

  6. María del Rosario Pacheco Rodríguez

    Excelente artículo. Gran calidad de las ideas con un enfoque humanista que nos reconforta e impulsa a seguir adelante. Maestro Jorge Lozano, muchas gracias por su esfuerzo y dedicación, opino que su exposición es impecable. Gracias por compartir.

  7. Real y actual, sin duda está interesante lectura deja a la reflexión y análisis de la propia práctica docente en dónde no debemos dejarnos llevar ni por el tiempo (horario) ni por la simulación y sin ver en otros lo que primero debes observar en nosotros mismos como educadores. Los niños son nuestra prioridad y la razón de nuestra labor. Mucho por decir. Gracias por compartir y lo compartiré también yo. Mi reconocimiento en sus aportes en este ámbito educativo.

  8. David Hernandez Tapia

    La transformación de pensamiento y el saber es una práctica cotidiana, ya que para enseñar se necesita de dos o más interventores, y sin lugar a duda no se necesita ser un profesionista de la educación, si no más bien a dos apasionados, uno que quiera aprender algo nuevo y a otra quiera enseñar sus propios conocimientos.

    Muchas felicidades Dr. Jorge un saludo a la distancia. Mis mejores deseos…

  9. El pensar y sentir con los que vivimos muchos docentes..
    Excelente reflexión!!
    Que difícil convivir diariamente en nuestra práctica educativa minada de prisa pedagogica, con tantas incongruencias de las autoridades y simulación..
    Que importante sería ejercer nuestra libertad de cátedra para dejar de lado las pedagogías desechables que nos imponen aplicar 🙁

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